CULTURA

Una tradición en peligro de extinción

El orgullo con el que danzan se percibe en 18 metros de altura. La naturalidad con la que suben lo hace ver fácil.

Originario de Papantla Veracruz, Alfredo García, comenzó a rendirle tributo al Dios Tláloc, al cumplir siete años de edad, se lanzó de las alturas sin protección alguna, solo una cuerda que le sujetaba los pies.

Cuatro hombres suben a un poste, su vestuario de manta y la diversidad de elementos que traen consigo, hace que algunos lo vean como una tradición valiente y de respeto.

“Los significados son los cuatro puntos cardinales o los cuatro elementos: agua, fuego, aire y tierra. Cada volador da 13 vueltas multiplicado por cuatro da las 52 semanas del año. La caída significa el agua. El ave y las flores significan la naturaleza. La fertilidad y pureza es blanca y el juego de la vida es representado por el color rojo. El ritual se le hace al Dios de la lluvia, Tláloc.”

Conforme pasa el tiempo, la sociedad se ha modernizado, junto a ello las culturas y tradiciones.

Alfredo García, ha notado que cada vez las personas se interesan menos en aprender la danza. La vergüenza y las humillaciones han ocasionado que los niños decidan no continuar con lo que sus antepasados mantuvieron.

“Ya muchos lo dejan o les da vergüenza nuestra cultura mexicana, a nosotros nos gusta y seguimos con la tradición de nuestros papás y abuelos. Los invito a que no se avergüencen, la cultura de nosotros es la mejor de todo el mundo.”

En Papantla existe la escuela Unión y Danzantes, una institución que enseña desde una temprana edad la lengua Totonaca y los pasos a seguir para realizar venerar este ritual.

La edad varía, niños desde los siete y adultos de 65 años practican esta ceremonia.

Los hombres pájaro como también son nombrados, se presentan en diferentes partes del país, recordándole a los mexicanos lo que extranjeros vienen a admirar y que los mismos paisanos menosprecian.

 

Con información de Heidi Fonseca

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