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Se populariza el consumo de pitaya, pero faltan plantaciones

Los meses de mayo y junio traen el exquisito sabor de las pitayas a los campos de Sinaloa. Las redes sociales han vuelto más popular el fruto en las ciudades causando gran entusiasmo de consumo con sus fotos publicadas, pero cada año las poblaciones silvestres pierden terreno, faltan plantaciones comerciales bien establecidas en forma de huerto.

Las pitayas son plantas cactáceas características de ambientes desérticos. En las culturas primitivas de México han sido parte de la dieta de verano en todas las generaciones. Durante la época más seca, conocida como estiaje, se da la floración y fructificación, días previos al inicio de la temporada de lluvias para lograr la dispersión de semillas y la reproducción.

La pitaya comestible (más comercial) de Sinaloa se identifica como pitahaya marismeña (Stenocereus thurberi) y sus frutos son esencialmente dulces. Aunque se trata de una misma especie, las plantas de pitahayas costeras fructifican en distintas fechas y características que las de las regiones serranas, por las condiciones de humedad y altitud.

El corte de las pitayas es todo un arte y un acontecimiento esperado en muchos pueblos de Sinaloa. En cuanto entra el mes de mayo se dan las primeras fructificaciones, siendo lo más intenso a finales de mayo y principios de junio. Algunas dan fruto todavía en julio y hasta agosto, pero con las primeras lluvias pierden su sabor intenso.

La cosecha de pitayas, se da en las primeras horas del día, antes que salga el sol, los campesino o colectores van al monte para estar al amanecer antes que los pájaros empiecen a picar los frutos. En promoción a tan codiciado fruto, en la ciudad de Culiacán se institucionalizó un evento denominado la Feria de la pitaya.

Para el corte se emplea una asta de madera larga o un carrizo, en el extremo le colocan una vara dura afilada y un travesaño como base. se necesita mucho equilibrio y tino para clavar el fruto, se empuja y el travesaño impide que se destruya. Al bajarla del cactus se saca de la asta con cuidado, pues el fruto está cubierto de espinas. Los frutos se van colocando en una cubeta y luego proceden a limpiarle los cientos de espinas que tiene cada fruto. Y así están listas para su venta.

La dispersión silvestre de las pitayas marismeñas está muy segregada. Hay una marcada cultura de colecta y consumo en la región del municipio de San Ignacio, en Cosalá y Elota, una pequeña franja de Mocorito y con una amplia distribución en regiones de Choix y El Fuerte. En la mayoría de los municipios costeros de Sinaloa las plantas de pitayas fueron eliminadas con los desmontes después del reparto agrario.

Mayra de la Torre Martínez, profesora investigadora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) señala que estas plantas silvestres ofrecen frutos completamente orgánicos y con propiedades antioxidantes, lo cual se atribuye, principalmente, a la presencia de betalaínas que le brindan el color rojo.

Las cactáceas son plantas representativas de América, México es el país más megadiverso de estas especies. Debido a que muchos de sus frutos han adquirido categorías como “exóticos” por su peculiar sabor y rareza, la demanda ha crecido signficativamente, pero en sentido contrario las plantas cada vez escasean más.

Debido al alto costo que alcanza cada fruto es importante que se domestique como cultivo comercial en cada región según la especie, como ya lo están haciendo en Jalisco, Michoacán, Puebla, Sonora y otros estados. O como ya se hizo en muchos países con la pitahaya trepadora conocida como fruta dragón de las especies Hylocereus y Selenicereus, comercializada en todo el mundo.

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