OPINIÓN

Nuestra relación con los adolescentes

El tema de la adolescencia es un dolor de cabeza para muchos padres, debido a la mala propagando (por llamarla así) que se hace de esta etapa vital para todos los seres humanos.

Existen muchos mitos alrededor del comportamiento, de la forma de pensar, de la responsabilidad, de los proyectos de vida, de las emociones y la forma de comunicación de los adolescentes, la mayoría de estos inclinados hacia la parte negativa, difícil.

Como adultos creemos que sabemos todo sobre la etapa debido a que nosotros ya la vivimos, pero parece que se nos olvida lo difícil que resultaba poder explicar y expresar algunas emociones o tomar decisiones vitales para nuestro futuro, creemos saber la fórmula para salir lo mejor librado. Pero olvidamos que es una etapa de exploración, de búsqueda, de experimentar cosas, la mayoría de las ocasiones para hacer lo contrario a lo que se pide y que la fórmula es única, individual y es necesario que cada quien la elabore, si se pretendemos que el adolescente desarrolle su madurez y se convierta en adulto.

Sin duda alguna que nuestras expectativas como padres o maestros nos juegan una mala broma y depositamos en los jóvenes una serie de tareas, consignas y roles que más bien son un intento de compensar a través de ellos, lo que muy probablemente en nuestra época no pudimos ser o tener. Y a poco no nos viene a la cabeza la frase “los tiempos de antes eran mejores”.

Como lo decía, los adolescentes están en un proceso de separación de sus padres para formar su propia identidad. Empiezan a hacer cosas distintas para diferenciarse de sus padres a quienes cuando niños hacía caso por repetición o por respeto (temor) a su autoridad. Y en este proceso requieren de tres elementos básicos: Confianza en si mismos y de sus padres, sentirse Capaces de afrontar las situaciones y Autonomía para tomar decisiones.

Reconocer esto es un verdadero reto para los adultos, ya que implica en principio soltar un poco la rienda para permitir a los jóvenes ser ellos mismos. Por otra parte, implica también reconocerlos tal y como son, aceptar que son diferentes a nosotros y aceptarlos de esa forma.

En verdad que esto da miedo, se los digo como padre de uno de ellos de 12 años. Hay ocasiones que los recursos no funcionan, las estrategias se agotan, la paciencia llega a un límite y no se visualiza un buen resultado en las negociaciones con mi hijo, pero lo importante es no rendirse y reconocer cuáles son esas que me llegan a molestar para intentar atenderlas, pero en mi mismo, porque soy consciente de que mi papel es acompañarlo en su camino y no pretender caminarlo por él.

Se que cuesta trabajo entender algunas formas de manifestarse, pero hay que estar atentos a lo que hay detrás de las expresiones, algo nos quieren decir. Pensemos en nuestros adolescentes como lo haríamos como cuando eran bebés y lloraban y no sabíamos por qué. Intentábamos de todo, cambiar el pañal, darle de comer, arrullarlo o lo que fuera necesario para que estuviera bien. Los llantos o berrinches de los adolescentes son distintos, pero son también una petición de atención, entonces encontremos lo que cada uno necesita.

Algunos expertos hablan de que establecer una verdadera conexión con los adolescentes puede ser la clave para lograr tener una relación sana. Esto se logra reconociendo su individualidad, respetando su proceso y mostrando un interés genuino por sus ideas, sus proyectos y sus gustos. Lo anterior nos invita a adentrarnos más a su mundo, escuchar lo que quieren decir, validar sus formas de pensar, confiar en sus recursos personales.

Es una tarea que requiere dedicación y cada uno de nosotros como adultos, padres o maestros, hemos de ir utilizando nuestros recursos personales e ir aprendiendo nuevos, cada quien, a su manera y a su estilo, recordando que los adolescentes forman parte de la diversidad y que… Diversidad Somos Todos.

 

 

 

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