OPINIÓN

Los muertos de AMLO

CULIACÁN.- Todavía no terminamos de entender que pasó en Culiacán el pasado 17 de octubre y de nuevo, otra tragedia que sacude a México y al mundo. Niños y Mujeres masacrados en la sierra de Chihuahua y Sonora: 3 mujeres y 6 niños.

Ya suman 32 mil muertes violentas en lo que va del sexenio, el más sangriento de la historia y, mientras tanto, la prioridad del presidente sigue siendo acusar al pasado y acusar a la prensa y a los conservadores de intentar desestabilizar a su gobierno.  A esta confrontación se suma ahora la persecución contra “tuiteros” que cuestionan a su gobierno. Toda la inteligencia del Estado, las herramientas tecnológicas más sofisticadas, los policías cibernéticos mejor preparados dedicados a la búsqueda de los tuiteros más peligrosos de México. Suena a burla, a broma pesada, a chunga. Eso es.

Se equivoca el presidente. La principal amenaza para su gobierno y para el país no es la libertad de expresión, es la ineficacia de su gobierno. Sobre el “jueves negro” en Culiacán, el problema no fue lo que publicó la prensa, el problema fue la incapacidad de sus funcionarios por comunicar con oportunidad lo que estaba pasando y el pésimo control de daños que hicieron, donde, reitero, aún no sabemos con exactitud cuántos fueron los muertos ni tampoco hay responsables por las decisiones equivocadas que se cometieron. O será que, como ahora no hay más ley que la que dice el presidente, no habrá responsables porque aquí lo que cuentan son las intenciones y no las actuaciones. Y como nadie quería que eso ocurriera, nadie actuó de mala fe, simplemente las cosas se salieron de control. Dejando de lado las responsabilidades que la ley impone a los servidores públicos, sobre todo cuando sus errores costaron vidas humanas. Lo sabremos pronto.

El problema es que, el mal ejemplo cunde. Ahí está la secretaria Sánchez Cordero -otrora respetadísima ministra- diciendo que malinterpretaron sus expresiones, a la vez que confiesa, que no sabía que la estaban grabando. Aceptando con ello que su conducta en público y en privado es distinta.

Para no irnos muy lejos, tenemos al presidente de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro, que cuando los medios lo cuestionaron sobre el incremento de las violaciones en contra de mujeres en Culiacán, su respuesta fue: yo no las violé. O, el caso del Químico Benítez que dijo respecto de las críticas que le hacía la prensa: están llorando porque no les damos dinero. Y así tendríamos una lista interminable de expresiones, si ese fuera el propósito, que reflejan la intolerancia de muchos de los nuevos gobernantes. Si no aprendieron antes que la libertad de expresión es la madre de las libertades en toda democracia, a un año de gobierno, ya les debió haber quedado claro. El problema es que no entienden, y tampoco entienden que no entienden. Y apenas es el comienzo.

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