OPINIÓN

Llega una rara sensación de aceptación de la realidad que nos rodea

La nueva discusión no es el desconfinamiento, sino las precauciones o no al salir de casa

Mientras vemos pasar frente a las pantallas de nuestros smartphones, televisiones y computadoras novedades, consejos y advertencias sobre el coronarivus también va llegando a nosotros una rara sensación de aceptación de la realidad que nos rodea. El dilema previo que nos acongojaba sobre salir o no de la casa también va quedando poco a poco en el pasado. El temor va cediendo y se va confirmando, una vez más, que Aristoteles tuvo razón hace muchos siglos atrás cuando dijo: “El hombre es un ser social por naturaleza”.

La prestigiada firma de investigación Consulta Mitosky ha realizado 24 encuestas con las mismas preguntas acerca del fenómeno del COVD19 desde el 31 de enero de este año. Curiosamente, el comportamiento de las respuestas a través del tiempo a la pregunta “¿qué tanto miedo tiene de morir a causa del coronavirus?” ha ido en aumento sostenido. El levantamiento del 08 de marzo a esta interrogante lo contestó de manera afirmativa al “miedo” poco más de 35% de los mexicanos encuestados. El resultado de la encuesta más reciente, del domingo pasado (19 de julio), ilustra que ahora el 68.5% tiene ansiedad de posiblemente morir por el contagio. Curioso es porque mientras que ahora que tenemos mayor sentimiento de temor es cuando estamos saliendo con mayor frecuencia de nuestros hogares.

Pereciera ser que, consciente o inconscientemente, decidimos explorar nuestras capacidades de socializar en el parque, en el restaurante, en la playa, con los amigos, con la familia a pesar de lo que nos encontremos afuera.  Estimo que no tiene por qué ser negativo ni tener miedo, ni tener deseos de reunirse. El temor es un sentimiento que advierte y que se activa como mecanismo de supervivencia. Sin duda, es más longevo el miedoso que el valiente.

Por su parte, contener la necesidad de estar cerca de las amistades y de la familia es también contener la posibilidad de buenos momentos que siempre son bienvenidos. Lo interesante ahora es tener claridad de que encontraremos allá afuera un mundo diferente en donde los tradicionales besos, abrazos y apretujones de mano al saludarnos ya no deben ser parte de nuestra convivencia cotidiana.

De aquí que la nueva discusión no está ubicada ahí en el desconfinamiento, sino más bien en si tomamos las precauciones o no al salir de casa. El pasado fin de semana en Mazatlán se registró un 50% de ocupación hotelera. La atracción turística reciente de Altata en Navolato y Las Glorias en Guasave han puesto muy nerviosas a las autoridades locales. Pero, independiente de la polémica, esto es reflejo de que en la naturaleza humana está inmersa la necesidad de convivir, como dijo Aristóteles.

Distancia social, aplicación de gel sanitizante, uso de cubrebocas y, en casos más extremos, portar guantes y caretas son parte de las medidas para estar en lugares públicos y al mismo tiempo protegernos unos a otros. El periódico El Financiero publicó el pasado 15 de julio los datos de un estudio sobre los hábitos de prevención que tenemos durante esta pandemia. Sobre el uso de cubrebocas dice que el 57% lo usa todo el tiempo, el 27% la mayor parte del tiempo y el 10% que lo usa muy poco o nunca.

Los sucesos de cada época traen consigo nuevos hábitos. Sé dice que el baño diario es un tema que apenas tiene 150 años. Antes de ese tiempo no lo consideraban conveniente, ni necesario. Eso mismo nos está pasando ahora con estos productos que antes eran exclusivos de los médicos.

Así que vayamos superando nuestros miedos por salir y coloquémoslos en el cómo salir. Ir a tomar el café con los amigos, con los vecinos o con nuestra familia es ya posible, pero con todas las medidas para disminuir los riesgos. Hagámoslo, pero hagámoslo bien.

Miguel Calderón Quevedo

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