OPINIÓN

La fiesta del mexicano

Escribió Octavio Paz a mediados del siglo pasado algo que sigue siendo muy vigente: “El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos”.

Esta imagen mexicana cobró vida en el sinaloense al anunciar el Gobierno el fin de la Ley Seca, decretada por motivo del covid-19, y así liberar los permisos para vender alcohol a la manera acostumbrada. Nota nacional fueron las largas filas de ansiosos compradores, que no respetaron la sana distancia frente a los establecimientos de venta de cerveza fría al esperar su turno. Al mismo tiempo, en redes sociales se manifestaron abundantes agradecimientos hacia el Gobernador por tal decisión.

El consumo de alcohol y sus consecuencias han sido motivo de análisis por varias instancias profesionales, entre ellas la Organización Mundial de la Salud. Cada año mueren en el mundo 3 millones de personas por causas como ésta. Sinaloa está lejos de ser el principal consumidor de alcohol del país, al registrar la última investigación oficial sobre el tema en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) que el 13.4% de su población habitualmente consume productos de este tipo. Los datos de la Secretaría de Hacienda, basados en los impuestos que se recaudan, revelan que en 2018 los vecinos de Monterrey fueron los que más invirtieron
en compra de cerveza, al destinar $3 mil 314 pesos per cápita anual. En segundo lugar, en este rubro se ubicaron los habitantes de la Ciudad de México sacando de su cartera $2,169 pesos al año por persona.

Dice mi abuela que no importa qué tanta cerveza tomes. Ella misma dice que lo que importa es que lo hagas
de una manera civilizada, amable y sin meterte en problemas. Un caso así, al estilo de mi abuela, es el de
Uruguay. Es muy curioso cómo este país está catalogado como el de mayor consumo en todo el continente
americano por encima de Estados Unidos y de México. Pero al mismo tiempo, la Organización Panamericana
de la Salud elaboró una tabla para comparar la prevalencia de lesiones justo después de haber bebido y los
uruguayos aparecen como los menos rijosos de toda América. Otro dato revelador en este estudio de la OPS
es el porcentaje de consumo excesivo que en México es de más de 56% y en la nación charrúa del 36%.

Una vez más, muy posiblemente mi abuela tenga razón: un consumo responsable es de buenos vecinos.
Quizás tengamos un muy buen motivo para aprovechar el levantamiento de la Ley Seca, pero nunca perdamos
de vista que un buen convivio implica alegría y felicidad, pero no conflicto. No hay que olvidar que el consumo
moderado de cerveza, por ejemplo, ayuda al mejor funcionamiento del intestino, previene el desarrollo del
Alzhaimer y de la ostioporosis.

El ganador del premio nobel de literatura que citamos al inicio retrató la mexicanidad de una forma muy
peculiar. Con el respeto que una figura de este nivel se merece, invito a darle la contraria en su aseveración de
que “La noche de fiesta es también noche de duelo”. Hago votos por que la festividad sinaloense en los
nuevos tiempos sea apegada a la alegría que nos caracteriza, dándole vacaciones eternas a la pugna y al pleito.

Hagámosle homenaje al Laberinto de la Soledad y su autor Octavio “llevando nuestra fiesta” en paz y, de paso,
a mi abuela.

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