REPORTE ESPECIAL

Evita que las pesadillas le roben el sueño a los pequeños

Los sueños y las pesadillas son algunas de las formas en que el cerebro procesa información sobre situaciones que se experimentan o algo que nos preocupa o inquieta.

En los niños, se presentan con más frecuencia  en la edad preescolar, donde suele existir el temor a la oscuridad y a los monstruos, sin embargo niños de mayor edad también pueden sufrirlas e incluso desarrollar fobias a causa de estos malos sueños.

Situaciones como la separación de los padres, el sufrir algún tipo de abuso, un cambio de casa o escuela, el nacimiento de un hermanito, pueden detonar las pesadillas en la infancia.

En las pesadillas hay imágenes tan vívidas que parecen reales y también pueden ser causadas por  leer libros o ver películas o programas de terror poco antes de ir a dormir, o de algún accidente o lesión que hayan sufrido los niños o  niñas.

La psicóloga Oralia Salazar Terrazas, docente de la Facultad de Psicología de la UAS, comenta que   cuando se afecta el ciclo de sueño de nuestros hijos y las pesadillas son muy frecuentes, es recomendable acudir a un especialista  para buscar la causa de esta angustia.

Cuando nuestros pequeños despierten asustados por una pesadilla, los papás debemos tranquilizarlos y hacerlos sentir protegidos, explicándoles que sólo fue una pesadilla que no ocurrió en la vida real.

Hay que ayudar a los pequeños a dormir de nuevo después de un mal sueño  y para ello  podemos darles algo que los haga sentir bien como  algún peluche o su cobija favorita y hablar sobre los sueños bonitos que va a tener, y ya no hace falta hablar de la pesadilla.  

También es positivo decirle que todos tenemos miedo alguna vez y no pasa nada malo.

Para ayudar a nuestros hijos e hijas a sentirse seguros, podemos dejar una lámpara encendida y demostrarles que en la luz y en la oscuridad están las mismas cosas.

También se aconseja que los niños tengan una rutina diaria antes de ir a dormir, acostándose y despertándose a la misma hora todos los días, después de un baño relajante, que  lean cuentos o hablar con ellos de cosas agradables que pasaron en el día, evitando que vean  películas o programas de terror antes de acostarse.

Quizá no podemos evitar que nuestros hijos tengan pesadillas, pero lo que si podemos es hacerlos sentir  queridos, protegidos y seguros, haciendo que estos malos sueños cada vez sean menos frecuentes y no les afecten en la vida real.

Con información de Katia Rivera

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