REPORTE ESPECIAL

Bolero, un oficio que mantiene su brillo

En Culiacán sigue siendo una tradición andar limpio de pies a cabeza

Portar unos zapatos limpios y con brillo no convierten a un hombre en un galán, pero sí lo hace lucir presentable y con estilo. Bajo este principio, Luis Enrique Hernández Márquez se ha desempeñado como bolero, cumpliendo un trabajo que aún tienen demanda entre los ‘culichis’.

“Aquí en Culiacán, la gente todavía es muy asidua a bolearse. Toda la gente de bolea; pues si andas bien cambiado y con el zapato bien cochino, pues haz de cuenta que no te cambiaste. Es como las llantas del carro; si lavas el carro y no lavas las llantas, pues haz de cuenta que no lo lavaste”.

Luis Enrique aprendió el oficio de bolero de su padre. Con apenas 13 años de edad, este hombre que hoy tiene 48, se daba el tiempo para observar cómo se debía aplicar la cera, crema y cómo hacer el tallado con el cepillo y el trapo. Con el tiempo este trabajo se ha vuelto sencillo.

Lo complicado, son los estilos de calzado y los materiales que hoy se manejan, así como el humor con el que llegan los clientes.

“Ahora sale mucho zapato muy batallaso, de muchos colores, gamuza y todo eso. Si no sabes darle se maltratan, pero aquí salimos adelante”.

“Hay gente de todo. Hay gente que por cualquier cosa te regaña y te quiere quitar. Por eso está difícil, pero el trabajo a mí me gusta hacerlo. Con amor lo hago, la verdad”.

Luis Enrique se ha mantenido en la plaza Obregón. De lunes a sábado, de 9:00 a las 19:00 le da duro al trabajo para cumplir con el lustrado de cada calzado que sus clientes le dejan de pasada, y para atender a quienes se dan su tiempo para sentarse para que le boleen los zapatos.

Por su negocio han pasado diferentes personajes tanto de la vida política como artística. Al momento de bolear, asegura que no hay distingos, aun cuando se trate de clientes con más de 20 años de antigüedad.

“El gobernador (Quirino Ordaz) ha venido varias veces aquí; Valentín Elizalde. Es varia gente que se viene a bolear; pues tengo clientes con 20, 25 años, me aburren, pero pues ni modo hay que aguantarlos”.

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