OPINIÓN

Asumir la diversidad como parte de la realidad educativa y social

En la actualidad, al oír la palabra diversidad muchos de nosotros pensamos en personas con discapacidad o capacidades diferentes, personas de otras culturas y religiones… la diferencia se convierte en sinónimo de “aquello que le falta a alguien para llegar a ser esto otro”, es “la deficiencia, la minusvalía o la anormalidad” que hace que no se sea eficiente, válido o normal.

Como nos apunta el maestro español López Melero, en su artículo “La escuela inclusiva: una oportunidad para humanizarnos”, reconocer la diversidad como un valor y no como un defecto implica romper con la clasificación y la norma, supone plantearnos que es necesario que las escuelas en la sociedad avancemos hacia una mejor comprensión de la diversidad y esto requiere pensar en un una educación que, ahondando en las diferencias del alumnado, erradique las desigualdades a la vez que haga avanzar la justicia escolar ofreciendo prácticas
educativas simultáneas y diversas.

Reconocer, por ejemplo, las diferencias biológicas de los distintos grupos humanos significa, primero descubrirlas a los ojos de los alumnos, y después valorarlas como signos de identidad propia y genuina que nos enorgullecen, de forma que se puedan contrarrestar las influencias del racismo que hace creer a algunos alumnos que determinados signos o rasgos físicos son superiores a otros.

Es decir, no basta con reconocer y aceptar los alumnos de diferentes capacidades, intereses, culturas, etc. sino que debemos ser conscientes, además, del enorme valor de todos ellos para construir espacios de aprendizaje.

Por tanto, la diversidad debería ser entendida como el conjunto de características que hacen a las personas y a los colectivos diferentes en relación con factores genéticos, físicos, culturales, etc. y la desigualdad como aquellos procesos que establecen jerarquías en el saber, el poder o la riqueza de las personas o
colectivos.

Cuatro motivos fundamentales para asumir y valorar la diversidad como parte de la realidad educativa por:

1. La diversidad es una realidad social incuestionable. La sociedad en que vivimos es progresivamente más plural en la medida que está formada por personas y grupos de una gran diversidad social, ideológica, cultural, etc.

2. Si el contexto social es pluricultural, la educación no puede desarrollarse  al margen de las condiciones de su contexto socio-cultural y debe fomentar las actitudes de respeto mutuo.

3. Si aspiramos a vivir, crecer, y aprender en una sociedad democrática en la que se promueve la participación, el pluralismo, la libertad, la justicia, entre otros valores, la educación debe asumir un proceso de cambio y mejora en este sentido.

4. La diversidad entendida como valor se convierte en un reto para  los procesos de enseñanza-aprendizaje que amplían y diversifican sus posibilidades didáctico-metodológicas, ofreciendo así oportunidades para que todos los alumnos participen y aprendan, según  sus estilos y ritmos de aprendizaje.

Considerar estos puntos refuerza la idea de que sociedad y escuela son un binomio interdependiente ya que se influyen mutuamente autodefiniendo su sentido y desarrollo. La invitación como siempre es a que cada uno de nosotros hagamos lo que está en nuestras manos para trascender del discurso a la acción en los temas de
diversidad e inclusión, teniendo presente que… Diversidad Somos Todos.

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